“No Tengo Tiempo” - “El Tiempo No Me Alcanza” - “Si Tengo Tiempo Voy”.
¿Cuántas veces nombramos al Tiempo durante nuestro día? En realidad parece que el tiempo es un ser con vida propia, con la capacidad de manejarnos a veces a su voluntad, y otras esclavizándonos (“el Tiempo es tirano”). Pero reflexionemos un momento: si el tiempo es un lapso de nuestra vida vivida o a vivir, gastada o a gastar, ¿qué estamos diciendo en realidad? Estamos diciendo que nuestra vida no tiene conducción, que cada cosa que se nos presenta a diario es la que nos gobierna. ¿Qué significa “No tengo Tiempo”? Significa en realidad que no somos capaces de planificar qué momento de nuestra vida le vamos a dedicar a esa tarea de antemano. ¿Qué significa “el Tiempo no me alcanza”? Significa que no hemos sido capaces de darle la dimensión necesaria o de programar eficientemente ese lapso de vida que necesitamos para el asunto en cuestión. ¿Y cuando decimos “si tengo Tiempo voy”? En realidad estamos diciendo “no tengo nada planificado, por lo tanto de acuerdo como me lleve la vida, iré o no”. Si miráramos nuestra infancia veríamos como nuestros padres nos planificaban nuestros días, las actividades, los horarios para alimentarnos y hasta nuestros momentos de diversión y descanso, aun contra nuestra (a veces) ferra oposición. Sin embargo, es una de las etapas de nuestras vida que mayor y mejor rendimiento hemos tenido, la de mayor aprendizaje, de más diversión y descanso reparador, aprovechando al máximo nuestro tiempo, es decir, nuestra vida. Probablemente nosotros hagamos lo mismo con nuestros hijos aplicando en ellos un buen manejo del tiempo, pero ¿y qué hay de nosotros? La primera reacción que podemos tener ante la posibilidad de movernos en un programa estricto como la que soportábamos de niños, es la de sentirnos presos de nuestra planificación.